Semanario Holandés

Los feriantes dejan la Plaza Dam

1 Noviembre , 2007 · No Comments

Tania G. Sobola

Tras dos semanas de la feria anual que se celebra en las proximidades al Palacio Real, los espectáculos de calle recuperan su lugar.

La concurrida plaza del Dam, desde donde se puede contemplar el Palacio Real, Nieuwe Kerk, el museo de cera de Madame Tussaud o el Obelisco que recuerda a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial (Nacionaal Monument), es un punto neurálgico de Amsterdam. El Dam, como dirían los Amsterdamses, marca el lugar donde se encontraba la presa original del siglo XIII del río Amstel que da nombre a la capital de los Países Bajos (Amsterdam literalmente significa la presa del río Amstel).

Comunicada con Centraal Station a través de la calle Damrak y muy cerca de las principales arterias comerciales de la ciudad como Nieuwedijks, Kalverstraat, Spuistraat o el canal Rokin, Dam Square supone una parada necesaria para cualquier turista que recorra las calles de Amsterdam, así como un punto de encuentro estratégico para sus habitantes.

Dam acoge todo tipo de eventos. Ferias de libros, exposiciones, conciertos o festivales son comunes, pero sus residentes más habituales son los artistas ambulantes. Músicos, malabaristas, escapistas, magos, actores, pintores y especialmente las personas-estatua encuentran en esta amplia plaza tan visitada un lugar idóneo para ofrecer sus distintas habilidades a los transeúntes a cambio de la voluntad.

El pasado 8 de octubre llegaba la feria a Dam, la más amplia y extensa, tanto en puestos como en duración, desde que el sol del verano dejara de estar presente. Multitud de tiendas, juegos y divertidas atracciones, tanto para los grandes como para los pequeños, se instalaban en la plaza para permanecer allí hasta el lunes 22 de octubre.

Durante estas dos semanas, la feria ha contado con cientos de miles de visitas. A pleno rendimiento, desde por la mañana temprano hasta la noche, las músicas de rifas y de las atracciones se oían e intuían por los distintos recovecos de la llamada “Venecia del norte”. También se podían divisar las atrcciones más altas, provocadoras de los más grandes temores y vértigos.

Con la llegada de la feria el Dam cambió su visión. La majestuosidad que desprenden los edificios que la rodean se vió por unos días eclipsada por las luces de colores, los sonidos propios de los premios y pérdidas de los que desean probar su suerte y, sobretodo, se caracterizó porque en esos días fue difícil localizar a los artistas ambulantes que con sus espectáculos de calle ponen un color distinto a este lugar.

La feria ha terminado. Después de un día de recogida y de ir viendo el proceso de cambio, ha vuelto el fluir diario a la plaza y, por lo tanto, también sus habituales. La Máscara, el Dios de los mares, las dos muertes, blanca y negra, que tan solicitadas están por los turistas, y tantos otros que pasan por allí cada día, vuelven a encontrar un sitio. Bienvenidos a casa chicos, se os echaba de menos.

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